Mente, cerebro y conductas

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Procurando comprender  la complejidad mente-cerebro-conducta encontramos  múltiples opiniones, escritos,  teorías y discusiones. Hace tiempo había guardado una publicación que reproducía conceptos del neurólogo venezolano Dr. Julio Borges Iturriza  sobre “Neurología de la conducta” (1) que transcribo en gran parte  con algunos agregados y modificaciones, donde vierte interesantes aportes a este tema tan difícil de abarcar.

La neurología de la conducta es un campo relativamente nuevo  en el dominio de las neurociencias y tiene como objetivo principal estudiar las modificaciones que en la conducta humana producen lesiones cerebrales bien definidas en cuanto a localización y tamaño.

Uno de los primeros  trabajos que puso de relieve esta relación fue la comunicación de  Broca en 1860 sobre el estudió de dos pacientes con hemiplejía derecha e imposibilidad para hablar (afasia) que luego fallecieron. En  las autopsias demostró  lesiones en el lóbulo frontal izquierdo y en ese lugar  Broca colocó el centro del lenguaje.  Poco después, en 1876,  Wernicke describió una alteración diferente del lenguaje en pacientes con lesiones en el área donde convergen los lóbulos parietal y temporal: este  nuevo tipo de afasia consistía en un deterioro de la comprensión, más que de la expresión del lenguaje.

La demostración de que ciertas lesiones cerebrales son capaces de producir trastornos del lenguaje de diferentes tipos, afianzó la idea de que era posible relacionar  alteraciones de las funciones cerebrales con lesiones situadas en determinadas áreas  corticales relacionables con  funciones cognitivas

Unos años antes en los EEUU ocurrió un accidente que posteriormente fue considerado como un hecho de gran trascendencia en el mundo de la Neuropsicología. Phineas P. Gage  era un obrero ferroviario que en 1848 a los 25 años de edad,  sufrió daños muy severos en el cerebro por un accidente, específicamente en parte del lóbulo frontal izquierdo. Sobrevivió y sufrió cambios notorios en su personalidad, temperamento, conducta social y  procesos relacionados con las emociones  y las funciones ejecutivas en general. Falleció en 1861. El Médico que lo atendió fue el Dr Jhon Harlow quien dejó constancias sobre su posterior evolución, escribiendo entre otras cosas: «el equilibrio entre su facultad intelectual y sus propensiones animales se había destruido, se volvió irregular, irreverente, blasfemo e impaciente”; cambiaba frecuentemente de trabajo y no cumplía lo que planificaba.

Ramón y Cajal (1852-1914) estableció  el concepto de neurona como unidad funcional y  Sherrington precisó  la estructura de la sinapsis. Pero no se conocía el concepto de “redes neuronales”.

Otro hito importante fue el de  Magound y col. Que  se dedicaron al estudio de la fisiología de la formación reticular en el tronco cerebral  y  demostraron su relación con funciones tan importantes como la reacción de alerta, la atención, los ciclos de vigilia y sueño y los cambios normales y patológicos del nivel de conciencia.

Pasada la Segunda Guerra Mundial del Siglo XX, la Dra. Brenda Milner que fue Profesora en el Department of Neurology and Neurosurgery en la Universidad McGil de Montreal y Profesora de Psicología en el Montreal Neurological Institute,  a quien se considera una de las pioneras de la Neuropsicología. Inglesa,  había trabajado para la RAF  en la selección de pilotos que podían ser aptos para bombarderos o para aviones de caza. Se trasladó desde Inglaterra a Montreal  en Canadá y  forjó  la base de los conocimientos que hoy tenemos acerca de la memoria estudiando  un paciente  al que se le había practicado una intervención quirúrgica sobre el cerebro en la que  le fue removida la parte media de ambos lóbulos temporales, en un intento de mejorar su epilepsia muy severa. Luego de la intervención, el paciente había perdido su capacidad de aprendizaje a pesar de que sus otras funciones intelectuales no habían sido afectadas; el defecto fundamental era la imposibilidad de almacenar la información recién adquirida y poder consolidarla como memoria a largo plazo. Recordaba el pasado hasta el día de la intervención pero perdía  la memoria todos los días que transcurrían posteriormente. El caso fue utilizado y popularizado por el cine.

En 2014 recibió el Kavli Prize in Neuroscience que otorga la Academia Noruega de Ciencias “por el descubrimientos de las redes cerebrales especializadas en la memoria y cognición”, junto a John O’Keefe, y Marcus E. Raichle y siguió trabajando en su laboratorio hasta los 90 años en las redes de comunicación interhemisférica.

Investigaciones posteriores  reconocieron  que la memoria depende de una red formada por múltiples componentes: el hipocampo procesa la información recién adquirida y puede conservarla durante un tiempo limitado (memoria de corto plazo, de trabajo), pero para su almacenamiento a largo plazo deberá ser transferida a otras áreas corticales (consolidación de la memoria). En esa consolidación juega un papel preponderante el sueño profundo especialmente las etapas de sueño REM (o MOR)

Antonio Damasio estableció algunos hechos que ayudan en la comprensión del proceso, puntualizando que por ejemplo, los objetos como tales no están representados en la corteza en un sitio determinado. Las diversas facetas que constituyen el objeto como la forma, la textura, el color, el olor, el movimiento, etc. son procesadas en diferentes y múltiples áreas corticales que deben “integrarse” para que pueda ser posible identificarlo  como un todo, activándose  de manera  simultánea y coordinada.  Por ejemplo: la imagen de una taza de café evoca representaciones visuales y táctiles (forma, color, textura y temperatura), al mismo tiempo que  la imagen olfativa y gustativa (olor y  sabor del café), e inclusive integra  la imagen motora del movimiento de llevar la taza a los labios. Todas estas representaciones son reproducidas en regiones separadas del cerebro, pero su construcción en una sola  ocurre simultáneamente.

Walter Penfield, trabajando en Canadá y considerado el descubridor de técnicas quirúrgicas para el tratamiento de la epilepsia,    llevó a cabo una serie de investigaciones en la que  pudo demostrar por primera vez  que por la estimulación directa de la corteza cerebral se lograba  por ejemplo que el paciente evoque  episodios de su vida encapsulados en recuerdos,  así como la producción de procesos mentales. Esto también ayudó a la comprensión del trabajo cerebral durante las alucinaciones, ilusiones y el deja vu.  En estas ocasiones, al estimular el lóbulo temporal el paciente refería coherentemente, como vivencias inmediatas, experiencias del pasado.

En palabras del propio Penfield  “La corteza temporal juega un papel activo en la interpretación que cada individuo hace de su experiencia presente. Al estimularla, algunas veces (el paciente) evoca experiencias pasadas y otras produce un cambio en la interpretación de la experiencia presente”. Más adelante agrega “Existe en el cerebro un registro neuronal de las experiencias pasadas que preservan las percepciones previas del individuo con sorprendentes detalles”.

Desde la descripción del accidente y los posteriores cambios conductuales de Phineas Gage por la lesión de la corteza prefrontal, situada por delante de las áreas motoras; se ha demostrado que el LPF tiene especial relevancia en el comportamiento social del individuo e interviene, esencialmente, en el juicio y en la toma de decisiones. Además, como hecho relevante debe señalarse que la corteza prefrontal forma parte y modula  la red neuronal que relaciona las funciones intelectuales con la vida emocional y que determina el insoslayable trasfondo emocional que matiza siempre la vida intelectual.

En pacientes que han sufrido lesiones circunscritas a estas áreas se ha comprobado un claro deterioro de la habilidad para planificar el futuro, poco respeto por las reglas usuales del comportamiento en sociedad y una marcada dificultad para tomar las decisiones más adecuadas en el medio que le toca actuar. A pesar de este severo trastorno conductual, las pruebas que estudian la inteligencia no muestran alteraciones significativas que expliquen el comportamiento anómalo.

El lóbulo frontal interviene, también, en un tipo especial de memoria que se ha denominado memoria de trabajo. Los pacientes con lesiones en las áreas asociativas prefrontales presentan gran dificultad para utilizar la información que les permita un adecuado  manejo de las situaciones cotidianas. La corteza prefrontal actuaría como un intermediario entre la memoria y la acción; la función primordial de la corteza prefrontal es esencial para activar el proceso de las memorias almacenadas y hacerlas utilizables cuando las circunstancias lo requieran.

Llegados a este punto sería sencillo reafirmar que el objetivo principal de la neurología de la conducta es el estudio de las modificaciones que en la conducta humana producen las lesiones cerebrales. Sin embargo, cuando se profundiza un poco más en el análisis,  puede afirmarse que la neurología de la conducta tiene  como  verdadera meta tratar de resolver el problema siempre presente de la relación mente-cerebro.

De acuerdo con David Chalmers, autor de “Filosofía de la Mente” cuando un investigador se impone como objetivo el estudio de la mente, enfrenta dos tipos de problemas: el primero de ellos es lo que  denomina el “problema fácil”, analizar las diversas funciones mentales en relación con las diversas estructuras cerebrales. El otro  se refiere a la relación mente/cerebro que ha sido y continúa siendo uno de los problemas más importantes, probablemente el más importante, de los que enfrenta el hombre.

En el momento presente sólo es posible afirmar que los fenómenos neuronales son necesarios para que se produzca la experiencia consciente pero, en realidad, somos incapaces de asegurar que estos fenómenos constituyan la condición suficiente que explique nuestra actividad mental

Esta estructura neuronal debe poseer la plasticidad requerida que permita el proceso del aprendizaje que ocurre ininterrumpidamente a lo largo de toda la vida.

En palabras de Eccles (Neurofisiólogo Australiano, premio Nobel dea Medicina y Fisiología en 1964, por haber encontrado la relación entre la inhibición de las células nerviosas y la repolarización de la membrana de una célula):  ¿Cómo es que ciertos patrones de actividad neuronal de la corteza cerebral pueden producir una experiencia consciente? Según Eccles el evolucionismo por sí solo no puede explicar la existencia de cada uno de nosotros como seres únicos, auto-conscientes y siguiendo a su maestro  Charles Sherrington, quien también fue ganador del premio Nobel en Neurofisiología, sostenía que nuestra mente es no-material y fundamentalmente diferente a nuestro cuerpo físico.

Seguimos y seguramente seguiremos debatiendo, aportando y confrontando ideas al respecto durante mucho tiempo. Probablemente sea más fácil adscribir a teorías más reduccionistas que no nos propongan cuestiones solo materiales.

De todas maneras hay muchas demostraciones que prueban la importancia de la neuroplasticidad cerebral que pueden abonar esas teorías “materiales”. Por ejemplo, se demostró que el aprendizaje del lenguaje escrito en la niñez cambiaba la anatomía funcional del cerebro lo que  sugiere  que en general, la adquisición de una habilidad cognitiva puede modificar otras funciones cognitivas. El Prof. Castro-Caldas de Portugal, autor del libro “El cerebro analfabeto”, realizó  valiosas investigaciones; el título del trabajo, publicado en la revista Brain en 1998, resume la tesis que  trataba de demostrar: “El cerebro iletrado. Aprender a leer durante la niñez influye en la organización funcional del cerebro adulto”.

La posibilidad de objetivar los conocimientos y convertirlos en cultura es un atributo exclusivamente humano. Dependería de la capacidad de adquirir y procesar información. La cultura determina conductas. Es en este sentido que el Filósofo  Karl Popper  desarrolló el concepto de “herencia cultural” que  significaría un cambio radical en la evolución y que haría posible el perfeccionamiento del hombre como especie. Probablemente estamos hablando de epigénetica.

Borges Iturriza concluye “el hombre, a diferencia de los  otros seres vivos, tiene conciencia de sí mismo; en segundo lugar,  la conducta humana no es simplemente adaptativa sino que el hombre, utilizando su inteligencia cualitativamente distinta a la del animal, más que adaptarse al medio lo modifica y lo transforma; es decir, a diferencia del animal que siempre persistirá esclavo, el hombre con su inventiva, trata incesantemente de crear las mejores condiciones que le permitan, hasta donde sea posible, lograr su independencia del medio ambiente”

(1) 166 López JE, Briceño-Iragorry L – Dr. Julio Borges Iturriza Neurología de la conducta- Colección Razetti. Volumen II.

Foto: Blog psicouniminuto1

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