El Estrés de fin de año

Businesswoman with intense stress and painful headache. Woman in job problems.
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En el hemisferio norte, donde se modelan las conductas de la sociedad post moderna, el fin  de año no es tan significativo, los festejos de navidad y año nuevo son intensos pero con pocos días de vacaciones (algo similar a las nuestras de julio, pero más breves); el trabajo, la actividad académica, educacional, judicial, comercial, etc.   prosiguen normalmente.

Pero en estas otras partes del mundo,  en esta época del calendario incrementamos nuestro estrés porque interpretamos que al acabarse el año se termina todo un período  en el que finalizan las clases,  los años lectivos, se rinden exámenes finales  en colegios y  universidades, se cierran los ejercicios contables  de las empresas por lo que se debe trabajar a presión por  equilibrios o desequilibrios  económicos, cumplimientos impositivos y por otra parte comienzan el verano y las vacaciones.

Hacia mediados de diciembre empiezan, entre otras cosas,  las presiones familiares y sociales por las fiestas y despedidas de fin de año y las discusiones y previsiones   para las  vacaciones de verano. Se suman al estrés laboral ocasionado por intentar concluir a toda costa tareas pendientes, el estrés emocional por los  recuerdos y pérdidas, las necesidades de algunos de cumplimentar las  apariencias sociales generalmente ligadas a preocupación por gastos excesivos, regalos, consumismo exacerbado por las promociones de la época y la paradójica cuestión de tipo  ambiental y alimenticia (calor en nuestra parte del mundo, con usos y costumbres de inviernos europeos.)

Naturalmente estamos hablando de problemas que afectan a las capas medias de la sociedad. En algunas personas se intensifica la soledad y en  los niveles socio económicos más bajos los problemas son otros y seguramente el estrés es producto de las carencias acumuladas y de la falta de medios para afrontar demandas impuestas por promociones mediáticas que inducen al consumismo, promociones de viajes de vacaciones imposibles  para la mayoría  que además muestran una especie de alegría ficticia,  uniforme y superficial en los cortos publicitarios, afiches y promociones en esta última parte del año.

Todo eso afecta de manera importante a personas que  crearon expectativas   que muchas veces  no se cumplieron o lo hicieron parcialmente. Suele ser bastante común que las personas  se concentren  más en lo negativo que en cualquier logro alcanzado, sobre todo cuando se convive en un ambiente de mal humor, escepticismo y carencias afectivas y económicas.

En medios científicos se ha escrito mucho sobre el tema. La preocupación social se ve reflejada en las numerosas publicaciones periodísticas que dedican bastante cobertura a este fenómeno. En los diarios de mayor circulación de Argentina se publican artículos sobre el tema al acercarse fin de año y así podemos leer: “ Estrés de fin de año: consejos para llegar al 2018” donde se transcriben conceptos de diversos profesionales . “ (1) En esta época del año pesan también los compromisos sociales. El ‘tengo que’ o ‘debería’, obligaciones en las que mucha gente siente que tiene que cumplir con ciertos compromisos, como si fuera el fin del mundo. Esto es una presión social y cultural nada saludable, que nos somete a un estrés adicional y sin que tal vez la persona cuente con las herramientas necesarias para afrontarlo”, dice Daniel Colombo.

La Licenciada Hebe Perrone, Directora de la Carrera de Psicología de la Fundación Barceló. dice que en tiempos de mucha presión es importante distinguir entre ansiedad y angustia. La ansiedad está en el terreno de lo esperable. La angustia, no. “La ansiedad es una sensación de querer cumplir con todo. Pero hay que entender que se acaba el año, no el mundo. En general recibimos muchísimas consultas a esta altura del año, y es algo habitual que así sea. Se juntan muchos fenómenos y surgen los balances espontáneos. Es inevitable y es bueno hacerlos. Depende de cada uno orientar esos balances a los aspectos positivos o negativos”, afirma la especialista.

El Diario Perfil titula “Estrés de fin de año: el enemigo silencioso” escrito por el  Dr. Eduardo Silvestre. «Enfermarse por estrés depende más de la persona que de la situación en sí misma, del significado que cada persona le otorgue a la situación que considera que amenaza su bienestar. Ese significado estará condicionado por la historia personal del sujeto y por lo “aprendido” a lo largo de su vida, teniendo particular importancia sus relaciones vinculares y sus experiencias tempranas”

El diario La Nación (3) prefiere presentar un artículo titulado “12 ideas para aliviar el estrés de fin de año” donde recomienda un listado que incluye libros, hobbies para ejercitar la paciencia y masajes.

Infobae  titula: (4) “Alerta fiestas: cómo preparar al cuerpo para que el estrés de fin de año no enferme” “ A fin de año, el cansancio, los nervios y los problemas cotidianos que se arrastran pueden desencadenar enfermedades. Consejos prácticos para encarar el último mes y cuidar la salud física y mental”

Así, para muchos el aproximarse al fin de año  se convierte en motivo de irritabilidad, ansiedad, depresión y mala calidad de vida.

La Voz del Interior se ocupa además de la repercusión del estrés de fin de año en los niños (5)

El diario El Día de La Plata (6) titula “ El síndrome de diciembre. Hay más consultas por el estrés de fin de año y crecen las estrategias para evitarlo” “Vienen las Fiestas y es tiempo de balances y nuevos proyectos. ¿Por qué en esta época del calendario la gente vive más nerviosa y acelerada? Claves para combatirlo”

Todo esto afecta la calidad de vida, concepto  construido habitualmente   con valores sujetos a las particularidades culturales  de la sociedad en que se vive. En ese contexto cada uno construye su propia realidad en función de la importancia que le  atribuya a lo que sucede en  su entorno  Vivimos  estresados en esta sociedad “light” más  por lo que debemos parecer que por lo que realmente queremos ser.

Parecería que importa más lo que piensan los otros de nosotros que lo que pensamos de nosotros mismos.

Por ello es necesario en esta época del año bajar las expectativas, no caer en inútiles sobre exigencias porque en realidad nada se termina y los “balances” son solo fotografías de un momento. Lo que vale es la película en su totalidad.

Habrá otros exámenes, cambiarán las reglas de la economía y los tiempos políticos serán más o menos acordes con nuestro pensamiento. Podremos hacer un viaje en otro momento, pues todos los días hay nuevos comienzos.

No podemos vivir en una situación de estrés de manera prolongada porque inevitablemente perderemos la salud.

Qué podemos recomendar? Entre otras cosas:

  • Darse tiempo para inspeccionar las propias necesidades físicas y emocionales, pensarlas y expresarlas con quienes nos quieren.
  • Reconocer las limitaciones y aprender a decir no a las sobreexigencias propias y  a las demandas.
  • No pretender modificar el curso natural de situaciones ajenas a uno mismo.
  • Tratar siempre de ser mejor persona y aprender más sobre las cosas que nos gustan y gratifican
  • Simplificar el  estilo de vida, aprendiendo  a disfrutar de lo que se tiene y no sacrificarse ni sobre exigirse por el solo hecho de tener y mostrar  más
  • Identificar que es lo más importante de lo que queda por  hacer  y a eso sí prestarle  toda la atención.
  • Organizar las actividades dando más tiempo a las recreativas, deportivas (no competitivas) y familiares  no permitiendo que tiendan a ser dejadas de lado a medida que se requiere mas tiempo para resolver problemas
  • Dejar que otros  ayuden,  vencer la idea de que resultará difícil pedir ayuda porque puede mostrar un signo de debilidad. Aprender a pedir ayuda y a delegar tareas.
  • No perder el sentido del humor
  • Ayudar a otros, ser solidario

Seremos menos vulnerables al estrés desarrollando nuestra inteligencia emocional:

  • el conocimiento, coherencia y autenticidad con uno mismo
  • la confianza en las propias capacidades y fortalezas
  • el reconocimiento de los propios límites
  • la capacidad de reconocer, evaluar, controlar y modular las propias emociones
  • el control de las reacciones e impulsos
  • la capacidad de expresar adecuadamente los sentimientos y emociones
  • la capacidad empática (“ponerse en la piel de los demás”)
  • la orientación hacia el logro de los objetivos ( asertividad)
  • la disposición al éxito y a la felicidad.
  • el humor y capacidad de reírse de sí mismo
  • la capacidad de reconocer las propias equivocaciones
  • la capacidad de perdonarse a sí mismo y de perdonar
  • no vivir con rencor o resentimientos

Referencias

(1) Clarin.com Sociedad. Salud. 19/12/2017
(2) Perfil.com 17/12/17
(3) La Nación martes 19 de diciembre de 2017- (María Paz Berriseguir)
(4) Infobae.com 5 de diciembre 2017
(5) La Voz del Interior. El desafío de alejar a los niños de las tensiones de las Fiestas – 18 de diciembre de 2017
(6) El Día 12 de Diciembre de 2017 . Publicado en Edición Impresa El desafío de alejar a los niños de las tensiones de las Fiestas