El teletrabajo ha generado más estrés y también ha obligado a ampliar el horario laboral

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Por Verónica De Vita- Ha sido difícil la adaptación: demandas “full time”, hiperconexión, lo doméstico y la falta de recursos, entre los problemas más comunes.

El aislamiento social repentino encontró medio mal parados a varios para afrontar el teletrabajo. Por eso tropezones no han faltado. 

Para algunos ha requerido un gran esfuerzo. Aunque hay empresas que tienen sistemas bien implementados, la mayoría no estaba preparada para algo de este tipo y hubo que apelar a los recursos hogareños. Así, la organización de los horarios ha sido “el tema”. 

Por eso, entre quienes han debido adaptarse a este modo de trabajo hay temas recurrentes. Uno de ellos es que definitivamente se trabaja más, hay una hiperconexión que a veces agobia y que incluso puede llegar a ser full time.

“La carga del teléfono antes me duraba un día entero, ahora a la siesta ya no tiene batería”, detalló Laura, oficial de empresa en un banco, para graficar la situación.

“El horario laboral ya no es de lunes a viernes de 8 a 15, yo estoy todo el día con el teléfono y con el correo, los jefes te escriben a toda hora y te obligan a estar conectada”, continuó.

El especialista en medicina laboral y presidente de la Sociedad Argentina de Evaluadores de Salud, Carlos Trad Fager, reconoce la sobrecarga. “No hay dudas que el horario que se dedica en la vivienda es mayor y sería bueno cuantificarlo con estudios específicos”, advirtió.

“Nuestro manejo de la tecnología es todavía incipiente a nivel de población general, en este período hemos encontrado limitaciones por nuestro insuficiente entrenamiento en el trabajo informático, hay quienes no encuentran cómo resolver problemas digitales”, continuó.

Pero además resaltó que el escenario de pandemia ha desnudado un problema que ya existía: luego de luchas sangrientas por lograr jornadas laborales de ocho horas, desde hace años estas se extienden cada vez más. Esto está particularmente influenciado por el acceso digital.

Hiperconexión

Diferentes horarios de trabajo de los miembros de la organización, dificultades para autogestionarse en un escenario nuevo y contar con menos recursos que en el espacio laboral son algunos factores. 

Al estar en la casa la jornada laboral está atravesada por cuestiones domésticas y hay quienes creen que pueden conectarse a cualquier hora. Ni hablar si hay que sumar el acompañamiento a las actividades escolares de los hijos y adaptarse a los horarios en que los negocios están abiertos porque además -y como si fuera poco- también hay que comer.

Belén tampoco pudo escapar a esta realidad. Es economista y trabaja en una universidad. Dice no o saber si trabaja más o menos, pero sí que se le desordenaron mucho los horarios, y ya no trabaja sólo por la mañana sino también por la tarde.

“Eso me ha llevado a trabajar durante todo el día pero en intervalos cortos de tiempo (…) me pongo a hacer otras cosas que no son de mi trabajo”, explicó en referencia a otras cuestiones que también debe resolver. Por la tarde también tiene interrupciones. “En conclusión, siento que mi productividad en las horas que me conecto para trabajar se ha reducido notablemente, lo que me ha llevado a tener que estar más horas conectada”.

Como consecuencia termina el día más cansada y con el estrés de haber estado todo el tiempo vinculada al trabajo.

Recursos propios

Otro aspecto es que los recursos debe aportarlos el empleado. Electricidad, conexión a internet y aparatos como teléfono o computadora corren por su cuenta. A los costos que esto implica se suma que muchas veces no son los mismos que hay en la oficina y por ello la labor resulta complicada o más extensa.

“Me agota tanto trabajar desde mi casa sin todas las herramientas que terminé saliendo para trabajar mejor desde la oficina, así que dejé a mis hijas solas”, mencionó.

Tener que responder a demandas todo el tiempo no es inocuo; toda la situación genera estrés y ansiedad que en muchos casos se manifiestan orgánicamente con alteración del sueño o problemas gastrointestinales. 

La psicóloga social y laboral Nilda Bautista destacó esto pese -señaló- a que el teletrabajo ya estaba instalado para muchos como opción. “El trabajo impuesto por la pandemia requiere un tiempo de adaptación. Quizá no había un espacio de trabajo ni horas dedicadas a ello. La adaptación no es sencilla y depende de cada persona”explicó.

“Si hay un exceso de horas sumado al aislamiento se genera un estrés porque es un cambio de rutina, sumado a la pérdida de libertad”, consideró.

La escuela

Quienes saben de esto son los docentes, que de un día para el otro debieron reformular radicalmente la forma de trabajo. Las dificultades para organizarse, la conectividad y la disponibilidad de computadora o teléfono dilatan los plazos.

“A muchos se les complica enviar las respuestas y lo hacen a veces a las 2 o 3 de la mañana, es que hay chicos que sólo pueden conectarse por la noche. Por eso también les cuesta cumplir con horarios y fechas de entrega”, relató Fabiana, profesora de Economía.

A eso se ha sumado la necesidad de responder consultas permanentemente, sobre todo a las maestras de primaria y profesores de primer año.

Los padres que trabajan deben agregar el acompañamiento escolar de los hijos, ya que las horas dedicadas a esto se han incrementado notoriamente con el aislamiento y la educación digital.

Los pros y los contras

El teletrabajo es un destino al que no se podrá escapar, sin embargo impuesto abruptamente ha generado complicaciones. De las experiencias se destacan los pro y los contra.

Positivo 

• se evita el tiempo de traslado
• se ahorra dinero
• se trabaja con ropa cómoda
• no hay necesidad de arreglarse tanto (más ahorro de tiempo y dinero)
• en muchos casos puede autogestionarse el tiempo
• beneficio para familias con niños en etapa de lactancia o pequeños

Negativo

• se trabajan más horas
• hiperconexión 
• dificultades para gestionar el tiempo
• necesidad de coordinar tareas domésticas, más con el aislamiento ya que están todos en el hogar
• se usan los recursos propios
• sobrecarga de las redes y dificultades de conexión
• escasez de recursos tecnológicos
• desatención del cuidado personal
• abuso de alimentos
• conflictos en el entorno familiar

Fuente: losandes.com.ar