El miedo y las cuarentenas

Foto: El Periodico.
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Por Doctor Pablo Cólica- El miedo paraliza y nos conduce a priorizar sólo la supervivencia como ha sucedido en las sucesivas epidemias y pestes que han asolado al mundo a través de la historia.

El miedo hace reaccionar instintivamente aún a especies muy primitivas que para sobrevivir fugan  buscando su madriguera, su “lugar seguro”.

El miedo  puede hacer que se acepten  hasta la pérdida de la libertad, de la propia dignidad y del comportamiento civilizado con tal de sobrevivir. Y pude hacer emerger  el egoísmo, el “sálvese quien pueda”,  la falta de com-promiso, la ausencia de cooperación que llevan  a que cada uno anteponga su interés al del conjunto.

En los últimos años se comenzaron a difundir conocimientos sobre   “epigenética”, perfeccionado el concepto de lo fenotípico, es decir  la influencia de lo ambiental sobre lo genético. La diferencia es que la epigenética ha permitido comprobar que aquello que influye fenotípi-camente aunque no esté inscripto en los genes, lo mismo se puede trans-mitir a la descendencia a través de varios mecanismos biomoleculares.   

Y el miedo a la epidemia e incluso la idea de la “cuarentena” como espacio de tiempo necesario para que el mal amaine, se nos viene  transmitiendo epigenéticamente. Reaccionamos casi automáticamente como lo hacían nuestros ancestros casi sin pensarlo, aturdidos por el temor.

Y eso nos sucede a una humanidad que creyó que había superado todos los  límites e impulsos naturales al disponer de los avances científicos y tecnológicos de la modernidad.

Nadie imaginó que la infección  iba a tener las proporciones que ha tenido, una enfermedad con un nivel de contagio y de letalidad tan alto que ha paralizado al mundo. 

La humanidad reaccionó azorada ante un peligro no identificable que pone en riesgo la vida. No hay ciencia ni tecnología que alcance. Esa reacción ha sido la misma que en las epidemias o pandemias de la antigüedad y demuestra que en algunos aspectos  hemos progresado muy poco en realidad  desde las pestes de la edad media. El miedo nos paraliza y nuestra única reacción es buscar la madriguera.           

Las cuarentenas a lo largo de la historia han sido y siguen siendo eso mismo, recluirnos ante el miedo en nuestro lugar seguro, nuestro hábitat cualquiera sean sus condiciones, confort, categoría.

Pero luego comienzan a evidenciarse las diferencias y a grandes sectores de la población el encierro en malas condiciones de vida se le hace mucho más insoportable. Cuando comienza a intensificarse otro tipo de miedo, a las pérdidas, carencias, condiciones de vida miserable y al hambre, es el comienzo de la “pos pandemia”,

Por eso se ha comenzado a hablar de una próxima “pandemia del hambre”. Se dice que la inseguridad alimentaria causada por el coronavirus golpeará a 14 millones de personas en América Latina.

La ONU advirtió que el número de afectados por la falta de comida será hasta cuatro veces mayor que en 2019 y qué además, aumentarán en 46 millones de personas las situaciones de pobreza o pobreza extrema. El director ejecutivo de la agencia alimentaria de la ONU, David Beasley, advirtió en el mes de abril que 130 millones de personas podrían verse “empujadas al borde de la inanición” en todo el mundo para finales de 2020. 

Argentina, paradójicamente sería uno de los países que mejor podría resistir la “pandemia del hambre” puesto que puede producir alimentos para unas diez veces su población. Todo depende de quienes tienen responsabilidades de gobierno, pero eso requiere un cambio en la dirigencia (social, política, empresarial, sindical, etc.) y en la comunicación social que se ve como difícil. Más bien se puede pensar que esa dirigencia que ha dado muestras de corrupción desde hace largo tiempo aproveche la situación para utilizar el miedo y la desesperación  en provecho propio.

Esto se debate en el mundo. Reproduzco algunos fragmentos de entrevistas a dos intelectuales que no pueden ser sospechados de connivencia con los poderes, del signo que sean. Uno de ellos es  parte  de un reportaje al escritor cubano Leonardo Padura, publicado en la página de la Agencia de Informaciones de Francia (AIF). Padura nació y ha vivido siempre en La Habana y sus novelas sobre el detective Conde han trascendido en todo el mundo. Cuando se le preguntó porque no se fue de Cuba contestóSoy una persona conversadora. La Habana es un lugar donde se puede siempre tener una conversación con un extranjero en una parada de guaguas”. Y sobre la cuarentena opina: “El hecho de que incluso salgamos disfrazados con mascarilla, hace que la mirada con respecto al mundo sea diferente. Estamos viviendo un momento donde todo el mundo se ha tenido que enmascarar y eso me crea una sensación de extrañamiento terrible” y con respecto a su sensación sobre el efecto sobre las libertades personales: “sensación, no. Nos ha quitado muchas libertades. Las personas han tenido que entregar un espacio de su privacidad a las autoridades sanitarias y políticas. Cuando empezó la epidemia en Cuba, hubo muchísimos cubanos que le reclamaron al gobierno vía redes sociales que cerrara ya la frontera para salvarnos. Y yo pensaba que muchos de esos cubanos durante 20, 30 o 40 años habían pedido por la libertad de viajar y cuando al fin tenemos libertad para viajar, la gente pide que le cierren la frontera y como ése, han sido muchos otros elementos de la libertad individual que hemos entregado y más los que entregaremos en el futuro”. Interesante reflexión que proviene de un intelectual que entiende la importancia de  priorizar la libertad de pensamiento y las libertades individuales.

Otro gran escritor,  Milán Kundera, que tuvo que exilarse de su país (en ese entonces Checoeslovaquia) por participar del Primavera de Praga,  decía  “en algún momento  la muerte que es  tan vencedora que nos da una vida de ventaja  porque al final siempre nos va a alcanzar. Por eso le tenemos miedo a la muerte y eso ha hecho que la gente entregue sus libertades”

Estos dos escritores dejan claro que lo más importante es la libertad, porque por sus historias de vida  tienen plena conciencia de lo que significa.

Estas reflexiones surgen  ante  el peligro  de las  tentaciones que pueden surgir en quienes detentan el poder, de aprovecharse del miedo para quitarnos libertades y que en el futuro nuestras  formas de vida, relaciones y  la manera  de conectarnos e interactuar entre los individuos y las organizaciones de la sociedad,  estén bajo vigilancia y limitados en su accionar  mediante  la falsa consigna de  protegernos.

La protección social debe surgir de la concientización y responsabilidad individual.

Y para  aquellos que sufran por  el estrés pos pandemia el apoyo debe efectivizarse con acciones concretas respetando su dignidad, brindándoles herramientas que les permitan la posibilidad de forjarse un futuro por sí mismos y no ser clientes-vasallos de un  nuevo feudalismo.  El estado debe brindar salud, educación, hábitat digno y seguridad para que efectivamente haya igualdad de oportunidades.     

La sociedad debe reaccionar ante el estrés del miedo recurriendo a su capacidad de resiliencia, que no es solo resistencia a la adversidad sino la capacidad de  recuperación  creciendo hacia algo mejor en plena libertad.