NEUROBIOLOGÍA DE LAS DIFERENCIAS DE GÉNERO

Andrea Márquez López Mato, Juan Romanella

Creo necesario hacer ante todo, una aclaración sobre la distinción entre sexo y género antes de comentar sobre la diferenciación entre los géneros en la normalidad y en la patología. Es necesario ya que estos dos conceptos están muchas veces intercambiados, indiferenciados e incluso usados en forma sinonímica, aunque no sea del todo correcto. El sexo por una parte, involucra una diferencia biológica. El género por otra, involucra una diferencia cultural.

SEXO VS GÉNERO

Así, el diccionario de la Real Academia Española divide los sexos en dos: varón y mujer o macho y hembra. El término género proveniente del campo de la literatura se aplicó a partir de los años sesenta a la psicología y a la antropología. Las escuelas sociales se refieren al género como el conjunto de valores, creencias, estereotipos y roles atribuibles a los seres sexuados. En lingüística se aprecian tres géneros: masculino, femenino y neutro.

En suma, el sexo serían los aspectos biológicos, es decir «lo dado», y el género los factores culturales, es decir «lo construido». Ambos términos se confunden frecuentemente ya que se coincide que al analizar el sexo en sus múltiples vertientes se constata su enraizamiento en lo biológico, aunque su desarrollo está enmarcando en lo social.

El sexo, la identidad sexual, está determinada biológicamente de forma muy clara, tema sobre el cual nos explayaremos más abajo. El género en cambio es una construcción que lleva tiempo.

Las anomalías en la determinación biológica del sexo, también llamada diferenciación sexual, suelen ocurrir en etapa muy precoz del desarrollo embrionario y dan lugar a patologías llamadas genéricamente «intersexos».

Respecto al sexo psicológico, es decir la conciencia o percepción de pertenecer a un determinado sexo, ocurre entre los 2,5 y los 3 años y suele coincidir con el sexo anatómico.

En cuanto a la orientación sexual, se entiende como tal la preferencia sexual que se establece en la adolescencia coincidiendo con la época en que se completa el desarrollo cerebral: preferencia heterosexual (98%) u homosexual (2%).

CONCEPTOS BIOLÓGICOS 

Las diferencias morfológicas y funcionales que existen entre hombres y mujeres se inician con el establecimiento del género cromosómico durante la fertilización, seguido por la diferenciación gonadal y, finalmente, la manifestación durante la pubertad del fenotipo masculino o femenino definitivo. Este es un proceso complejo que resulta de la interacción entre el genoma y el ambiente y se lleva a cabo durante el desarrollo de cada individuo y que culmina con la expresión del fenotipo, conducta incluida.

Un blastocito fecundado por un par de cromosomas X determina el sexo femenino. En la formación del blastocisto uno de los dos cromosomas X es inactivado de manera global en todas las células somáticas por acción del gen XIST/Xist. Esta inactivación posiblemente permita igualar la cantidad de material genético funcional presente en ambos géneros.

La combinación cromosómica del par sexual XX o XY dirige el desarrollo a ovarios o testículos respectivamente. En humanos durante los dos primeros meses de gestación ambos géneros se desarrollan idénticamente. Más tarde en el segundo mes de vida intrauterina, en el varón el gen SRY es el responsable de la diferenciación testicular mediante una proteína denominada Factor Determinante Testicular (TDF). Mucho más tardíamente ocurre el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios influenciados por los andrógenos. Por otra parte, en el género femenino, la ausencia del TDF determina la formación de los ovarios y la expresión ulterior de su fenotipo.

Recordamos que en los últimos años se ha identificado el gen llamado SRY en la región 1 del brazo corto del cromosoma Y, que es el que tiene información para la síntesis del factor determinante del testículo, el TDF. Este factor inicia el proceso de masculinización del embrión activando en cascada los genes que causan la transformación de las gónadas embrionarias indiferenciadas en testículos fetales. Una vez que éstos se han formado, comienzan a segregarse la hormona testosterona, que dirige el desarrollo del tracto urogenital y los genitales masculinos al transformar las estructuras embrionarias conocidas como conductos de Wolff y las prominencias labioescrotales. Además, las células de Sertoli de ese testículo embrionario producen la hormona antimulleriana, (SIM) que destruye las estructuras embrionarias denominadas conductos de Müller a partir de los cuales se generarían órganos femeninos, tales como el útero, la vagina y las trompas de Falopio, si del cromosoma. Y no emanaran las instrucciones de retroceso.

Se han desarrollado modelos de laboratorio con ratones masculinos con carencias de la hormona SIM que no desarrollaban la típica conducta exploratoria masculina, sino que se comportaban más como hembras.

Más aún, y con experiencias descriptas en humanos, se describe que una exposición prenatal a elevados índices de testosterona (como consecuencia de  hiperplasia adrenal congénita, por ejemplo) influye posteriormente en la elección de los juguetes en las niñas.

Durante bastante tiempo se pensó que el desarrollo femenino no estaba determinado genéticamente, es decir Eva seria solo el NO Adán. Se creía que la diferenciación del cigoto hacia el tipo femenino era la forma espontánea, mientras que el desarrollo masculino vendría a ser como una corrección de éste, debida a las instrucciones escritas en los genes del cromosoma Y.

Sin embargo, datos recientes han permitido saber que la diferenciación femenina no es una diferenciación por defecto, sino que existe una vía embrio-genética para el desarrollo del ovario, paralela a la vía comentada para el desarrollo de los testículos. En 1994 se ha descrito la existencia de una región del cromosoma X ODF que favorece el desarrollo del ovario e inhibe el desarrollo del testículo. Esta zona contendría los genes de la feminidad, designado como Od o DSS. Una vez formado el ovario en el embrión femenino, éste comienza a sintetizar y segregar estrógenos que dirigen la diferenciación del conducto de Müller y de las prominencias labioescrotales hacia los órganos sexuales femeninos.

Existen por tanto dos vías perfectamente diferenciadas en el desarrollo sexual normal del embrión masculino o femenino. Se nace macho o se nace hembra (salvo casos raros de hermafroditismo congénito), aunque esto no sea por si solo determinante para posicionarse como hombre o como mujer en la vida en más.

En el SNC las secreciones hormonales, propias de cada sexo en etapas tempranas del desarrollo embrionario, son en gran parte la causa de las diferencias que lo afectan, pudiéndolas situar en tres niveles: diferencias ultraestructurales celulares o sinápticas, diferencias en la organización sináptica

o dendrítica y diferencias en el volumen de grupos definidos de células. Así, se han descripto núcleos con dimorfismo sexual en el hipotálamo humano.

Los trabajos de Le Vay son los más conocidos y en ellos muestra que existe un conjunto celular NIH3 (tercer núcleo intersticial del hipotálamo) que triplica en los varones el tamaño que presenta en las mujeres,  y que en los homosexuales, el NIH3 era del mismo tamaño que en las mujeres.

La región preóptica del hipotálamo (SDNPOA) es la estructura cerebral que muestra un dimorfismo genérico más notorio, siendo el tamaño y la cantidad de células en hombres el doble que en mujeres de la misma edad.

A nivel hipotalámico también se encontraron diferencias. El volumen del componente posteromedial del núcleo del lecho de la estría terminalis (BNST-dspm), es dos veces y media mayor en hombres, y el subnúcleo del supraquiasmático, que contiene vasopresina, es más esférico en hombres y más largo en mujeres.

Las mujeres tienen más fibras en cuerpo calloso y en la comisura anterior (33%). Este fenómeno les permite mayor nivel de asociación para utilizar ambos hemisferios al mismo tiempo. Es decir, irónicamente, pueden mascar chicle mientras cruzan la calle. El hombre, en cambio, necesita bajar el volumen del televisor para poder atender el teléfono. Es llamativo que los homosexuales masculinos presentan también mayor comunicación interhemisférica que el resto de sus congéneres. Este hecho parece obedecer a la diferenciación sexual femenina intraútero acentuada por la suplementación estrogénica que se realizan durante toda la vida. (Sabemos que hay transexuales más «femeninos» que varias de sus congéneres hembra….).

A nivel sináptico, las mujeres presentan más neuroplasticidad y más conectividad. Es decir, que hay más fibras de asociación, mas conexión, mas probabilidad de uso de ambos hemisferios en simultaneo.

A estas diferencias entre los sexos, a nivel ultraestructural, sinaptogénico y morfológico, se les debe adicionar como se mencionará, la influencia del medio ambiente determinando aspectos psicológicos y de comportamiento diferenciales.

CONCEPTOS PSICOLÓGICOS

Sabemos, de acuerdo a los trabajos realizados por Erik Erikson, que la adquisición de una identidad (social o psicológica), es un proceso muy complejo que implica una relación positiva de inclusión y una negativa de exclusión. Uno se define en base a semejanzas y diferencias. El sentimiento de identidad sexual opera de la misma manera. Ya para Sigmund Freud la identificación era la clave del concepto de identidad, que obraba por definición múltiple. Erikson le añadió el concepto de diferenciación. Se sabe que un niño puede distinguir su identidad sexual gracias a la diferenciación con los miembros del sexo opuesto y que esa diferenciación tiene tanta importancia como la identificación con los del mismo sexo.

Los cuatro sexos: genético, gonádico, corporal y psíquico, participan en la edificación de la personalidad, sobre la que también influye la sociedad con sus valores, ayudándole a construir su identidad de género. Sigamos aclarando algunos conceptos.

La “identidad de género” es la igualdad, unidad y persistencia de la propia individualidad como varón y como hembra (o ambivalente), tal como se experimenta en la conciencia acerca de sí mismo y en la conducta. Es una experiencia privada, individual del papel del género, un sentimiento íntimo de pertenencia a uno de los dos sexos o ambivalente. Tipos: masculino, femenino, transexual (pretende transformar su cuerpo en el del sexo opuesto).

El “papel de género” o sea papel o rol sexual: es cuanto uno dice o hace para indicar a los demás o a sí mismo, el grado en que es varón, hembra o ambivalente. Tipos: masculino, femenino, ambivalente (afeminado, marimacho), transvestismo.

La “orientación sexual” es la capacidad de ser atraído por objetos sexuales de unas características anatómicas semejantes a las propias o de otras. Tipos: heterosexual, homosexual, bisexual.

Ya dijimos que el sexo se comprueba en lo corporal, pero el “género” es el armado de conductas. Aparece socialmente y está condicionado por la sociedad misma: la manera de vestirse, los gestos, las costumbres correspondientes a cada sexo. Se trata de la influencia que ejerce el medio cultural desde que una persona nace. O sea, es la interpretación cultural del sexo biológico. Hoy en día se usa el concepto de “transgénero” para  transexuales y travestis, como una forma de englobar las diferencias de las minorías sexuales. Estas situaciones de variantes sexuales ejemplifican de qué manera el género tiene que ver con la conducta y la apariencia,  y representa el discurso social personal de nuestra identidad sexual.

CONCEPTOS CULTURALES

El hombre está paleológicamente programado para cazar, guerrear, proteger y proveer los recursos materiales necesarios para la subsistencia. Es decir que el cerebro masculino está determinado para intentar resolver problemas. La mujer, por otra parte, está programada para parir, defender a la prole y mantener la armonía. Es decir que el cerebro femenino fue programado para nutrir, educar, proveer cariño y amor. Por este motivo, el hombre siempre reclama atención hacia sus logros, en cambio la mujer sólo reclama atención hacia sí misma y su prole.

Con el transcurso del tiempo y de la historia las diferencias no desaparecen; es más, algunas se acentúan y perduran en nuestros días por más esfuerzos que hagamos en creernos en la actualidad, con las mismas capacidades. Todavía, los cerebros femeninos y masculinos tienen funciones, habilidades y prioridades distintas diseñadas con el objeto de perpetuar la especie y perpetuarse a si mismos.

Postulan que estas diferencias conductuales entre ambos géneros son porque ambos han evolucionado de manera diferente desde el inicio de su vida en común.

Los hombres al principio de la historia eran cazadores y las mujeres recolectaban frutos. Los hombres protegían a la familia mientras las mujeres criaban a los niños. Sus cuerpos y sus mentes se fueron adaptando a esas funciones. Así, el hombre ganó altura, fuerza, capacidad de enfrentar riesgos, aprendió a aventurarse en un mundo hostil arriesgando su vida cazando para traer alimentos, tuvo que desarrollar buena orientación para detectar peligros y para defender a su familia de los animales y los enemigos.

Las mujeres, por su parte, también tenían un papel definido ya que aseguraban la especie portando bebés. Para ello la mujer tuvo que aprender a controlar lo que sucedía cerca de la cueva donde cuidaba a su prole, a ser capaz de percibir peligros cercanos con buena orientación para el corto espacio, a percibir mínimos cambios gestuales en la cría y a comunicarse con las otras mujeres para compartir la comida o los cuidados.

El hombre, en cambio, cazaba solo y no necesitaba comunicarse con su mismo género salvo para competir.

La supervivencia debió haber sido difícil pero los roles estaban claros.

En suma, el cerebro de cazadores y recolectoras se desarrolló de modo totalmente diferente.

El cazador desarrolló más sentido de orientación, más sentido de cálculo, más habilidad para la agresión y la defensa contra grandes peligros, más capacidad de abstracción para pensar sin comunicarse, mayor capacidad matemática para calcular distancias, mayor capacidad espacial para presentar en la mente formas y movimientos.

La recolectora, por su parte, desarrolló más capacidad para comunicar información y emociones a su cría y a sus congéneres, mayor capacidad para el desarrollo de dos actividades en simultáneo, menor poder de abstracción, menor capacidad de razonamiento matemático, mayor capacidad intuitiva y por consecuencia mayor capacidad para expresarse en arte y menor capacidad espacial. Respecto a esto último bromea Barbara Pease: «es normal que las mujeres no tengan demasiadas habilidades espaciales porque, aparte de hombres, nunca han cazado nada más».

Toda esta historia responde al hecho de que se fueran gestando organizaciones cerebrales diferentes, como vimos al principio del capítulo. Hoy en día podemos considerar al deporte como el sustituto de la caza y a los tés con amigas como sustitutos de la recolección de frutos.

En relación con el comportamiento sexual también se objetivaban diferencias. El hombre debía fecundar rápido para continuar alerta y en defensa. La mujer debía ser convencida de tener conductas de apareamiento, ya que no tiene estro como el resto de los primates que la induzca a buscar intercambio sexual. Este punto es el que más ha cambiado en los últimos años. Hoy hombres y mujeres tenemos, en la mayoría de nuestras organizaciones culturales y religiosas, los mismos derechos sexuales. Los padres han aprendido a reconocerse como padres y ambos sexos interpretan al acto sexual como un intercambio de ternura además de hormonas.

Pero se suscita en este tema un nuevo problema para la especie humana moderna ya que debe adaptarse a equilibrios nuevos que podrán ser cambiados en poco tiempo evolutivo.

 

DIFERENCIAS SENSORIALES

La mujer, aún hoy en día, tiene órganos sensoriales más organizados y agudos por el hecho de tener que escuchar, olfatear, mirar o lamer a su cría cercana (los autores refieren que lo que llamamos «intuición femenina» es la fina apreciación de los detalles y cambios en la apariencia o en la conducta de los demás).

Distingue más colores por mayor presencia de fotorreceptores en los conos retinianos (para los hombres durazno, salmón o limón son sólo sustancias comestibles y no colores). También tiene más visión periférica por tener más esclerótica que le otorga mayor movimiento ocular, lo que le permitiría observar más detalles en las comunicaciones cercanas (sabemos que pasa cerca de o a quién mira periféricamente nuestro cazador cazado).

Los hombres tienen más visión tubular, es decir aprecian mejor objetos a distancia anulando la interferencia del campo periférico (esto era indispensable para focalizar correctamente una presa lejana).

La mujer escucha sonidos más agudos (llanto de bebé) y gracias a la mayor conexión interhemisférica es más hábil para descifrar e integrar señales verbales y visuales.

El hombre, sin embargo, tiene mayor capacidad espacial para orientar de dónde viene un ruido grave (movimientos de una presa).

Las mujeres son más sensibles al tacto ya que tienen piel más fina con más sensores a dolor, temperatura y peso. La ocitocina, casi exclusivamente femenina, hace a los sensores de pequeños estímulos (caricias) diez veces más sensibles para contactar e interpretar mejor las necesidades de calor de la cría en brazos. Esto ha sido ampliado en el capítulo sobre neurobiología del amor.

El hombre (para poder aventurarse entre espinas y maleza) desarrolló una piel cinco veces más gruesa en la espalda y con menos sensores distribuidos en su superficie.

Las mujeres perciben más fácilmente el gusto dulce (frutos que cosechaban en la prehistoria post desarrollo de la agricultura, leche) que los salados o agrios (carne animal).

El olfato parece ser igual en ambos sexos salvo que se detecta una exacerbación olfatoria, sobre todo para ferohormonas durante el período de ovulación.

DIFERENCIAS DE COMUNICACIÓN

Las diferencias más notables en la actualidad se ven en las diferencias de comunicación de cada género entre sí y con el otro. Sintetizaremos algunas de ellas:

La mujer produce de 6.000 a 8.000 palabras por día y siempre comunica emociones con los hechos. Los hombres, en cambio, producen sólo de 2.000 a 4.000 palabras por día y comunican hechos básicos sin el conato emocional. Pease ironiza esta situación al decir que cuando los hombres llegan a casa no les queda nada por decir y las amas de casa casi no empezaron.

En realidad, se demuestra con modernos métodos de neuroimágenes funcionales, que las mujeres recibimos la voz masculina con nuestro centro de recepción del lenguaje, en tanto los hombres para escucharnos deben «encender» distintas zonas de su cerebro y frecuentemente se cansan de ello y cierran todo tipo de «escucha».

Recordemos que la mujer se comunica con una escala de 5 tonos, mientras el hombre escucha sólo dos y que la mujer percibe más sonidos agudos y el hombre percibe sonidos más graves.

Aclaremos que nosotros defendemos el hecho de que es imprescindible comunicar emociones además de ideas para que el mensaje despierte interés y sea mejor percibido por el receptor pero que es también imprescindible saber controlar las emociones y no que éstas nos controlen a nosotros.

La mujer es más intuitiva porque sabe leer el lenguaje paraverbal y procesarlo. El hombre entiende sólo lo verbal. Lo gestual le parece accesorio. Tal vez por esto siempre decimos que las mujeres mienten mejor cara a cara y los hombres mienten mejor por teléfono.

Si hilamos más fino en este problema interaccional podemos agregar, siguiendo a Grey, que para el hombre no es un problema olvidarse de realizar o comunicar las cosas pequeñas mientras se preste atención a las importantes, mientras que para una mujer olvidar las cosas pequeñas o los detalles es un agravio personal. Aclara este autor que para un hombre “podrías” es una pregunta y no una petición; en cambio para una mujer “harías” es una orden y no una sugerencia. Concluye que las mujeres que aprendieron a descifrar el lenguaje masculino son mucho mejores negociadoras; son las que aprendieron a descifrar un “no” proveniente de un hombre como un “aún no”.

Estas diferencias de acción y comunicación se trasladan y traducen hoy en día en las diversas maneras de afrontar las obligaciones y los derechos laborales en ambos sexos.

DIFERENCIAS COGNOCITIVAS

Las principales diferencias cognoscitivas entre hombres y mujeres se manifiestan más en patrones de actividad muy específicos, no demostrándose diferencias significativas en lo que a coeficiente intelectual se refiere.

Los hombres, en promedio, realizan mejor algunas tareas de tipo espacial como pruebas que requieren imaginar la rotación de un objeto o manipularlo de otra manera. También superan a las mujeres en pruebas de razonamiento matemático y en realizar recorridos siguiendo una ruta determinada.

Por su parte, las mujeres tienen mayor velocidad perceptual y mayor fluidez verbal. Se desempeñan mejor en tareas de cálculo matemáticos, recuerdan mejor los detalles de una ruta determinada y son más veloces en la realización de algunos trabajos manuales de precisión.

Estas diferencias se encuentran en todas las culturas estudiadas y son el resultado de exposición a andrógenos durante el desarrollo prenatal, pero también varían con las fluctuaciones estacionales y diurnas de las hormonas sexuales. En la mujer misma se observan diferencias entre la fase folicular con niveles elevados de estrógenos, asociándose con una facilitación de la eficiencia articulatoria y motriz fina y la etapa premenstrual o menstrual, con niveles estrogénicos bajos, en la cual se observa una facilitación de la habilidad espacial.

Las mujeres sobrepasan a los hombres en la percepción de detalles visuales finos, en la comprensión del significado de la expresión facial, en el reconocimiento de caras y en la identificación de las implicaciones afectivas del tono de voz. Todas estas dependen, básicamente, de la actividad del hemisferio derecho. Ello no es un motivo suficiente para aducir una diferencia funcional hemisférica entre los dos géneros, pero las diferencias cognoscitivas sugieren fuertemente que la organización intrahemisférica es diferente en cada género.

Revisemos un poco lo que conocemos de esta diferencia hemisférica. La principal característica del hemisferio izquierdo es la actividad lingüística en sus condiciones sensoromotora y audioverbal. Además, es donde se elabora el lenguaje preposicional, se emiten las palabras, se controla la expresión escrita, la capacidad para el cálculo numérico y razonamiento matemático. Además es el hemisferio dominante del pensamiento abstracto de tipo verbal. El hemisferio izquierdo controla el pensamiento racional y abstracto del sujeto, siendo dominante en las actividades que requieren el uso de estrategias de tipo lógico-deductivo en la resolución de problemas. Es el hemisferio en donde se realiza un tipo de procesamiento preferencialmente analítico, predomina especialmente en tareas de tipo secuencial y serial. Analiza el tiempo y percibe en detalle, codifica las entradas sensoriales en términos de descripciones lingüísticas y carece de capacidad sintetizadora. Prevalece en actividades de memoria verbal y es el responsable del aprendizaje de funciones motoras complejas.

Entre tanto, el hemisferio cerebral derecho interviene en la creatividad literaria, en la entonación melódica del lenguaje, identifica sustantivos y adjetivos aunque no verbos, dispone de poca capacidad para leer y de ninguna para escribir. Es el hemisferio donde se analiza el espacio visual y geométrico a través del cual reconocemos caras (prosopognosia), es dominante en la percepción de melodías musicales, de ruidos y sonidos no verbales, nos permite conocer objetos a través del tacto (esterognosia). Se lo ha responsabilizado de las funciones artísticas creativas, está especializado en la percepción y expresión de las emociones y controla las actividades motoras gruesas y de la mímica facial.

Ahora si, detallaremos las principales diferencias de hombres y mujeres.

DIFERENCIAS ANATÓMICAS DEL CEREBRO DE LA MUJER (basado en Jorge Forero)

Como dijimos el cuerpo calloso de las mujeres es comparativamente más grande que el de los hombres y es el canal de información que conecta las áreas corticales de los dos hemisferios. El mismo permite que las emociones sean incorporadas a los procesos de habla y de pensamiento.                                                            La comisura anterior resulta ser más voluminosa, esto podría explicar por qué las mujeres parecen ser más conscientes de sus propias emociones y de las de los demás. La masa intermedia que conecta las dos mitades del tálamo también es más voluminosa en la mujer. Las mujeres tienden a perder más neuronas del hipocampo y de las áreas parietales que tienen que ver con la memoria y habilidades visoespaciales, de manera que es posible que tengan más dificultad para recordar cosas y para orientarse a medida que envejecen.

Ya dijimos que las mujeres superan a los hombres en algunas tareas de lenguaje, muestran un ritmo más rápido de desarrollo del mismo, tienen menos riesgo de disfasia durante el desarrollo, superan a los hombres en algunas pruebas de empatía, juicio social y cooperación, son mejores en pruebas que implican generación de ideas y más hábiles encajando objetos. Las niñas tienen una mayor aptitud para los aprendizajes verbales y de tipo lingüístico. Por esto, el porcentaje de niñas con dificultad en el aprendizaje de la lecto-escritura es menor y aprenden a leer con mayor facilidad. Las mujeres tienen mayor habilidad en tareas de lenguaje comprensivo, expresivo y en creatividad verbal. Las tasas de maduración cerebral son más rápidas en las mujeres, es por ello que poseen una mayor eficiencia en el lenguaje. Obtienen mejores resultados en las pruebas de fluidez verbal, menor incidencia de dislexia y de retraso en la adquisición del lenguaje.

Cuando se trata de realizar tareas mentales, incluyendo situaciones de peligro, la mujer posee una condición innata que le permite utilizar ambos hemisferios cerebrales simultáneamente configurando un patrón de funcionamiento que hace que pueda involucrar en sus raciocinios una mayor área de pensamiento, lo cual se puede interpretar como amplitud de visión de la vida. Las mujeres consideran mayor cantidad de variables de análisis a la hora de comparar dos ideas para conocer y determinar sus relaciones. Tienen en cuenta un mayor número de aspectos en la toma de decisiones. Sus procesos de pensamiento siguen en general el patrón de funcionamiento circular lo cual le permite que «enganchen» dentro de sus reflexiones un sinnúmero de variables que hacen que sus juicios sean cuidadosos, prolijos en detalles y garantizan una revisión minuciosa de posibilidades. Esta capacidad es aprovechada para añadir en pleno ejercicio de sus inferencias detalles contenidos en múltiples archivos de memoria de ambos hemisferios cerebrales para nutrir su discurso de pormenores.

La mujer puede acceder un sinnúmero de archivos que contienen información formateada por la experiencia individual, los cuales están distribuidos por toda la corteza cerebral. Esta capacidad le facilita leer con inusitada agilidad el contenido de las carpetas cerebrales contenidas en sus archivos y reclutar una inmensa cantidad de información para la elaboración de las ideas y por ende para la emisión de sus conceptos. La forma como concibe está sujeta por condicionantes biológicos y por la experiencia acumulada. El entendimiento que le da a sus vivencias está necesariamente dado por el ejercicio de contrastar la experiencia presente con la información guardada en los archivos previamente formateados y su pensamiento expresado con palabras, es el producto de un complejo proceso en el cual intervino toda su corteza cerebral. Sus opiniones y juicios involucran acciones neuronales que comprometen amplias áreas de la corteza. Consulta un mayor número de archivos para tomar una decisión e involucra en ella todas sus funciones cognoscitivas superiores. Examinadas las circunstancias, la mujer pone en marcha una infinita red de circuitos cerebrales que trasmiten la más diversa información, mediada por el exquisito funcionamiento de la sinapsis neuronal con su componente de neurotrasmisores, neuroreceptores y mediadores bioquímicos para llegar a los archivos cerebrales. Allí consulta la información contenida en las carpetas para producir una respuesta, desde la más simple hasta la más compleja. La agudeza de sus sentencias está precedida de este complejo funcionamiento.

DIFERENCIAS ANATÓMICAS DEL CEREBRO DEL HOMBRE (siguiendo a Jorge Forero)

El hombre, como dijimos, posee el núcleo preóptico del hipotálamo 2,5 veces más grande, núcleo que es responsable del comportamiento sexual masculino típico, el cual contiene células sensibles a los andrógenos. El hombre es más propenso a perder neuronas de los lóbulos frontales y temporales en su natural proceso de envejecimiento, estos lóbulos, están comprometidos con el pensamiento y los sentimientos.

Ya dijimos, que los hombres resultan ser mejores en cuestiones de razonamiento matemático, especialmente en geometría y lenguaje matemático, así mismo en pruebas que implican distinguir entre figura y fondo, tienen más facilidad para hacer girar objetos mentalmente, son más eficaces en interpretación de mapas y en percepción espacial. Enfocan con mayor facilidad una tarea, detectan mejor una forma concreta inmersa dentro de un patrón complejo y tienen más aciertos en el tiro al blanco. Sus ancestros masculinos, cazadores por excelencia, tuvieron que aprender a enfocar un punto en el espacio para acertar con la lanza, la flecha o la piedra y poder matar al animal obviando el entorno. Permanecieron generaciones entrenándose para lograr desarrollar y mantener una visión tubular.

El pensamiento masculino tiende a ser unihemisférico y dependiendo la dominancia, sus procesos de pensamiento estarán marcados por la función del hemisferio dominante. Teniendo en cuenta que el 93% de los hombres son diestros, el hemisferio dominante es el izquierdo a través del cual maneja procesos lógicos, realiza inferencias analíticas y las deducciones siguen el modelo de pensamiento lineal por flujograma, ciñéndose así al clásico patrón de estímulo-respuesta.

La cantidad de archivos consultados, donde se encuentran las carpetas con la información formateada, resulta ser inferior en cantidad y sus respuestas se atienen a la información acumulada en el hemisferio dominante. En términos generales, involucra en sus procesos de pensamiento un menor número de vías cerebrales por las cuales transmite la información recogida. Utiliza los archivos de memoria como referentes para dar una respuesta frente a la experiencia presente. Si la experiencia actual tiene características similares a la ya formateada, emite una respuesta que guarda similitudes con la obtenida para las experiencias previas. El número limitado de archivos consultados, los cuales utiliza como referentes, hace que el hombre sea especialmente predecible, la variedad de respuestas frente a eventos de la misma naturaleza es menor.

Recordar detalles resulta ser para el cerebro masculino un ejercicio dispendioso, sus archivos de memoria no contienen los detalles menores de los sucesos previamente formateados, lo cual se refleja a la hora de emitir sus ideas y ante esta limitación opta por respuestas más agresivas, dando claras señas del impacto que tiene la influencia hormonal, especialmente a expensas de testosterona.

El hombre, por lo general, tiene discursos donde los contenidos son más concretos, sus creaciones lingüísticas contienen menos número de palabras y expresan sus ideas de manera más rápida. Busca discursos de resultados prácticos. La particularidad de su pensamiento lógico y ordenado secuencialmente hace que le cueste más trabajo ampliar su perspectiva. La habilidad para consultar mayor número de archivos por toda la corteza cerebral le está limitada. Fácilmente el hombre se ve atrapado en una sin salida ante la dificultad para valerse de nuevos argumentos que se articulen eficientemente con sus disciplinados procesos de pensamiento.

DIFERENCIAS EN LA SEXUALIDAD 

La excitación sexual en la mujer necesita de un tiempo diferente a la del varón para llegar al orgasmo. Mientras que ella precisa alrededor de 500 centímetros cúbicos de sangre para el llenado de la región pélvica, el hombre estará erecto con 70 u 80 centímetros cúbicos. El pene es un cilindro mucho más fácil de vascularizar que el triángulo pélvico femenino. Esto hace que el tiempo requerido por la mujer sea mayor. Si se le agrega que el varón privilegia el sentido visual y la mujer es preeminentemente táctil y auditiva, se verá con más claridad las diferencias básicas de cada uno en cuanto a excitación sexual, y que deberán ser comprendidas por cada sexo para poder lograr un buen encuentro sexual.

En el momento del orgasmo, las mujeres suelen enlentecer el ritmo del movimiento pélvico a tal punto que por momentos hasta se detienen. En cambio los hombres aceleran los bombeos hasta eyacular. De ahí la importancia de la comunicación de la pareja respecto a las necesidades, modos y tiempos de cada uno. En general el varón tiende a estimular primero los genitales femeninos, porque eso es lo que a él le gusta recibir especialmente, sin embargo, sería lo último que desearía una mujer que le acaricien. Ella precisa que la estimulación recibida sea más global, que toda su piel sea acariciada para finalmente terminar en los genitales, o rozarlos pero no necesariamente estacionarse sobre ellos desde el comienzo. A veces se pueden producir “discronaxias sexuales”, cuando el apetito o necesidad o intereses sexuales de cada uno de los miembros de la pareja discrepa.

Hombres y mujeres debemos lidiar con nuestras diferencias desde múltiples puntos de vista: las motivaciones para elegirnos, el desarrollo de los sentidos, las habilidades y aptitudes, las diferencias físicas y psíquicas, nuestros tiempos y necesidades, y básicamente nuestro cerebro como principal órgano sexual a partir del dimorfismo sexual cerebral. Definitivamente: mujeres y varones somos distintos en la sensibilidad erótica, así como nuestros estilos de expresión también son diferentes. El mayor goce de la pareja humana dependerá del aprendizaje de la complementación de las diferencias sexuales.

El siglo XX se caracterizó por descubrir la Respuesta Sexual Humana. Se espera que este siglo XXI supere las angustias pasadas por tantos hombres y mujeres presionados por sus roles genéricos.

Si nos detenemos en las habilidades y aptitudes que intervienen en el estilo erótico y la dinámica sexual, notamos que la mujer necesita de una atmósfera sexual total (global), de la presencia de un hombre que la cautive por lo que es. Su deseo no llega a aflorar con el estímulo de un único atributo, ya sean ojos, manos o los genitales del hombre. Es más sensible a la ternura y requiere de un clima de intimidad. Responde básicamente a la estimulación “táctil y auditiva”. Es selectiva en la elección así sea ésta ocasional. Los hombres suelen ser menos emocionales también en sus conductas sexuales. Son notoriamente más sensibles a los estímulos “visuales”. Pueden responder con excitación ante cualquier estímulo parcial: piernas, glúteos, pechos. Una mayoría de varones no acostumbran a reparar demasiado en el resto del cuerpo y en menor medida en la totalidad de la persona. Además, suelen tener un bajo conocimiento de la sexualidad que sólo pasa por los genitales. De hecho, van directo a los pechos o a la entrepierna, casi sin darse tiempo para explorar otros estímulos. La descriptiva erótica masculina es básicamente genital, casi sin prolegómenos.

Dos estilos distintos, dos eróticas diferentes. Sin embargo, nos desconciertan ciertos aspectos, como el hecho de encontrar narraciones eróticas más visuales y genitalizadas que pertenecen a autoras femeninas. Así como hay  otras masculinas que tienen un estilo más sensual y no genital. ¿Estará todo tan rígidamente tipificado para los dos sexos?

En suma, somos muy distintos, pero es bueno aprender de las diferencias para lograr una mejor complementariedad. Hasta hace poco tiempo el estereotipo de géneros implicaba un hombre potente, siempre capaz y dispuesto a la relación sexual, que enseñaba e instruía en el amor a su compañera, establecía la forma, tomaba la iniciativa y era eminentemente activo. Se enfrentaba a una mujer receptiva, más bien pasiva, que aceptaba propuestas y estaba al servicio del varón. No ha pasado demasiado tiempo desde que la mujer se reubicó social y sexualmente, y comenzó a reclamar sus derechos en torno a sus necesidades sexuales. Esto significó un avance importantísimo para la mujer, pero trajo aparejada una descolocación del hombre, que aún hoy en muchos casos continúa añorando el modelo machista e ignorando cómo responder al haber perdido el dominio de la relación.

No nos detendremos en las diferencias en el embarazo que son de por sí obvias. Sin embargo lo más curiosos dentro de los últimos descubrimientos es que la gestación no solo modifica a la madre sino también al padre.

En los futuros padres: disminuye el nivel de testosterona y aumenta el de prolactina. La causa parece ser la respuesta a las feromonas procedentes de las glándulas sudoríparas y la piel de la futura madre.

En algunos hombres, este cambio hormonal puede causar el síndrome de couvade o embarazo empático.

 

MÁS DIFERENCIAS

También hay diferencias en el humor. La mujer prefiere el humor escuchado, en anécdotas, con mucha descripción y remate irónico. El hombre prefiere el humor gráfico, lo directo, lo casi obvio. Lo que le resulta gracioso puede ser procaz para el otro género. En la realidad hay muchos más humoristas masculinos que femeninos pero no nos hacen reír por igual.

Respecto al dolor, las mujeres son más sensibles  pero también a su habituación. Por esto soportan menos el dolor agudo y más el dolor crónico.

La percepción al dolor es distinta con diferentes umbrales y acostumbramientos. Encima las mujeres cambian su tolerancia de acuerdo a la fase del ciclo menstrual en que esté.

OTRAS DIFERENCIAS IMPORTANTES

Además de las diferencias básicas, es importante el hecho de que la mujer tiene ciclación.

Es decir, está a merced de variaciones hormonales durante su etapa reproductiva, esto hace que haya variaciones de conducta, humor, peso, apetito, libido y temperatura en la fase folicular y luteal. El mejor modo de ejemplificar esto pertenece a la Dra. Veronica Larach quien dice que la mujer puede ser hada, geisha o bruja según el día ciclo menstrual que atraviese. Creemos que los cambios del estado de ánimo y del tipo de reacción según la ciclación sería la defensa de la poligamia en la endogamia, ya que un hombre nunca adivinará (a menos que haya aprendido a «oler» los cambios hormonales de su pareja) con qué características de su pareja se encontrará al regreso al hogar. Los hombres, en cambio, tienen tenor hormonal constante, lo cual los hace tenaces, perseverantes y demasiado predecibles.

Tal vez la mejor cita sobre el particular sea la de Helen Rowland quien asegura que para toda mujer basta conocer a un solo hombre para entender a todos los hombres y que, en cambio, un hombre nunca entenderá a ninguna mujer aunque las conozca a todas.

CONCLUSIONES

Ya consignamos que las diferencias biológicas y conductuales que fueron detalladas en ambos sexos se observan desde los seres humanos primitivos. Con otro tono, Allan y Barbara Pease las describen maravillosamente en sus libros de alto contenido tanto científico como humorístico. Según su teoría, hombres y mujeres son diferentes y lo único que tienen en común es pertenecer a la misma especie. Viven en mundos diferentes con diferentes valores que corresponden a normas divergentes.

Refieren que «las mujeres critican a los hombres por ser insensibles y descuidados, por no escuchar, por no ser afectuosos o compasivos, por no comunicarse, por no expresarles todo el amor que ellas necesitan, por no comprometerse en las relaciones, por preferir el sexo a hacer el amor y por dejar la tapa del inodoro levantada» y agregan que «los hombres critican a las mujeres por su forma de conducir, por no entender las guías, por mirar los mapas al revés, por su falta de sentido de orientación, por hablar demasiado sin ir al grano, por no tomar la iniciativa en el sexo y por dejar baja la tapa del inodoro». Refutan que «los hombres se creen el sexo más sensato y las mujeres saben que lo son».

Creo que lo verdaderamente importante no es querer homologar nuestro modo de ser y nuestra conducta sino beneficiarnos de las diferentes maneras de encarar las tareas. Es entonces irrefutable que hombres y mujeres nacemos con estructuras cerebrales diferentes que nos aseguran propósitos y logros diferentes. Aclaremos que aceptar las diferencias neurobiológicas ayuda a reconocer la igualdad en derechos y oportunidades sociales.

Vivimos y vivenciamos de forma diferente. De modo excesivamente simplista creemos que:

  • los hombres aprenden mejor intelectivamente y las mujeres aprehenden mejor intuitivamente.
  • los hombres experimentan y las mujeres experiencian.
  • los hombres deciden y las mujeres perciben.
  • los hombres afirman y las mujeres confirman.
  • los hombres reafirman objetivos y las mujeres defienden metas subjetivas.
  • los hombres diseñan mejor estrategias de éxito y las mujeres diseñan mejor modos de organización.

Pero todos estos roles son intercambiables y plásticos, solo se necesita unión y comunión.

Simone de Beauvoir escribió que «no se viene al mundo como mujer, sino que mujer se deviene». Me permito, arrogantemente modificar su observación diciendo que se viene al mundo como macho o como hembra, pero se deviene en hombre o mujer luego de constituido el universo bio-psico-social masculino o femenino.

Ser hombre o mujer, hoy en día excede ampliamente lo “biológico” o lo dado por nacimiento. La crianza, las expectativas parentales o sociales actúan en un cerebro en desarrollo para determinar comportamientos femeninos o masculinos, que van mas allá de la concepción o la crianza y que incluso serán socialmente aceptados o no de acuerdo a los requerimientos y condicionamientos de la sociedad de crianza. Ser macho o hembra, mujer o varón o expresarlo o parecerlo depende de condicionamientos culturales mas allá del desarrollo cerebral temprano.

BIBLIOGRAFIA COMPLEMENTARIA SUGERIDA

  • Brizendin L. El cerebro femenino. Ed del Nuevo Extremo SA. Buenos Aires. Argentina. 2010
  • Brizendin L. El cerebro masculino. Ed del Nuevo Extremo SA. Buenos Aires. Argentina.  2010
  • Gaviria S, Tellez Vargas J. et al.  Afrodita y Esculapio. Una visión integrativa de la Medicina de la Mujer. Editorial Nuevo Milenio. Bogotá, Colombia. 2001.
  • Fisher H. Anatomia del amor. 1996.
  • Forero J. Diferencias de género y su impacto en la comunicación. Conferencia dictada en Bucaramanga. Colombia. 2003. Citado en: Lopez Mato A. PNIE 3. Los últimos serán los primeros. Ed Sciens. Buenos Aires. 2008
  • Foucault M. Historia de la sexualidad. La voluntad de saber. Ed Siglo XXI. Buenos Aires. Argentina. 2011
  • Foucault M. Historia de la sexualidad. El uso de los placeres. Ed Siglo XXI. Buenos Aires. Argentina. 2011
  • Lopez Mato A, Vieitez A. Aspectos neurobiológicos y antropológicos de la diferenciación sexual. En: Lopez Mato A. Psiconeuroinmunoendocrinologia II. Nuevos Dilemas Para Viejos Paradigmas. Viejos Dilemas Para Neoparadigmas. Editorial Polemos. Buenos Aires, Argentina. 2004.
  • Lopez Mato A. Diferencia entre sexo y género. En: Lopez Mato A, Vieitez A, Bordalejo D. Afrodita, Apolo y Esculapio. Diferencias de género en salud y enfermedad. Editorial Polemos Buenos Aires, Argentina. 2004.
  • Lopez Mato A, Romanella J. Evolución de la especie y de las hormonas. En: Lopez Mato A, Vieitez A, Bordalejo D. Afrodita, Apolo y Esculapio. Diferencias de género en salud y enfermedad. Editorial Polemos. Buenos Aires, 2004.
  • Lopez Mato A. Diferencias condensadas, convergentes, conclusivas y concluyentes a modo de conclusiones. En: Lopez Mato A, Vieitez A, Bordalejo D. Afrodita, Apolo y Esculapio. Diferencias de género en la salud y la enfermedad. Editorial Polemos. Buenos Aires, 2004.
  • Lopez Mato A. Diferencias de género. En: Lopez Mato A. PNIE 3. Los últimos serán los primeros. Ed Sciens. Buenos Aires. 2008
§  Pease A, Pease B.  Porque los Hombres no Escuchan y las Mujeres no Entienden de Mapas. Ed. Amat. Barcelona, España. 2000.

 

Foto 1: Telemundo

Foto 2: 0800 Flor

Foto 3: Cienciauanl

 

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