Cerebro, angustia y felicidad

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Por Ignacio Brusco*– La depresión es la causa discapacitante más frecuente de todas las enfermedades existentes. La frontera entre la tristeza y la alegría.

“La violenta sensación de anticipo siempre ha sido para mí más angustia que placer”
Yukio Mishima (Confesiones de una máscara, 1948)

La depresión constituye la problemática más frecuente entre las enfermedades que afectan la salud mental, a partir de una angustia desmesurada y es la patología por la cual se solicitan más licencias laborales. Se pronostica epidemiológicamente que será en los próximos años, la causa discapacitante más frecuente de todas las enfermedades existentes.

Pero, a la vez, es la posibilidad del fracaso más profundo del tratamiento de salud y quizás, de toda la medicina. Sucede cuando la depresión lleva al suicidio. Se calcula que se suicidan 3000 personas por día en el mundo. Cifra muy alta y que produce un quiebre en la presencia en los instintos de supervivencia, pues lleva a dejar de lado la lucha por sobrevivir, alterando así de cuajo las claves filosóficas de angustia de finitud, como planteo en el siglo pasado el filósofo Martin Heidegger, cuando comunica a la angustia de finalización de la vida, como el eje central del problema humano. Pensamiento de angustia de finitud, presente en todo momento en la razón y emoción; consciente o inconscientemente.

Por otro lado, el mecanismo de felicidad es una función que puede investigarse a pleno en los humanos. Aunque también se expresa de diferentes maneras en animales (saltar o mover la cola, como hacen los perros, por ejemplo.)

Es así que la alegría puede estudiarse de distintos modos y en diferentes especies. Sin embargo existen sentimientos antagónicos a la felicidad, el más importante es la tristeza máxima observada en la depresión mayor, que implica un estado de repentina e insoportable melancolía.

Existen en realidad una gama de grises afectivos, que van desde las depresiones graves hasta situaciones de leve angustia crónica, con un estado de tristeza muy moderado asociado muchas veces a ideas obsesivas o temores (como sucede en los trastornos de ansiedad).

Se encuentra del otro lado de la moneda afectiva, el ser feliz. Lo que también es muy estudiado, aunque menos. Sin embargo en esta situación se observa a personas que cuando logran un objetivo feliz o consiguen solucionar un problema la euforia dura muy poco tiempo.

Esto fue investigado especialmente por Paul Gilbert, uno de los mayores estudiosos de este tema, del Hospital Kingsway en Derby. Observó que estos sujetos tratan de limitar esa sensación que saben temporaria y que perderán, entonces ante ese riesgo la limitan en forma consciente y también inconsciente.

En estudios cerebrales sobre procesos de felicidad se ha detectado que en los mismos intervienen sectores del cerebro relacionado con la recompensa. Ubicados en el núcleo subcortical accumbens y también en el núcleo amigdalino que contiene la memoria emocional. Esa memoria recuerda los momentos que impactan en nuestra historia, sean positivos o negativos. Ayuda así a presentificar en forma inconsciente nuestra historia emocional. Estos eventos emotivos pueden asociase posteriormente a algún acontecimiento actual.

Existen investigaciones que estudian cómo cambia el sistema nervioso en la depresión. Una de las más interesantes es la realizada por Scott Langenecker de la Universidad de Illinois de Chicago, quien ha descripto a través de estudios de neuroimágenes que diferentes zonas cerebrales relacionadas con la depresión están desconectadas. Observó que la amígdala cerebral (zona relacionada con la función afectiva) presenta una desconexión con el sistema emocional en personas que han presentado episodios depresivos, aún en si se encuentra remisión. Es así que hay una persistencia del riesgo de recidiva de este tipo de trastorno en pacientes que lo han sufrido, asociado a una probable cicatriz en la conexión cerebral que produce una dificultad en el procesamiento emocional, generando un aumento de las emociones negativas ante ideas neutras. Aumenta así la susceptibilidad a tener una recaída, dada la alteración funcional persistente. Además este autor observó un aumento en las conexiones de otras áreas relacionadas con procesos conscientes, pudiendo ser la explicación de la concientización de las ideas negativas reiteradas (llamada rumiación).

En los casos autoagresivos paradojales, se busca el fin, pues de la angustia que es tan intensa deja de lado la capacidad de luchar por la vida. Según el filósofo y escritor Albert Camus: «No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio y ese es el suicidio».

Existe un tipo de trastorno afectivo llamado «depresión mayor», cuando en forma repentina se genera una profunda angustia. Muchos investigadores plantean que se produce como consecuencia de la disminución de los neurotransmisores noradrenalina y serotonina, que sería un instrumento final de una serie de mecanismo cerebrales, endócrinos, inflamatorios, autonómicos, sociales y ambientales que conllevan a esta grave enfermedad.

Existen además otros casos de autoagresión que ocurren en forma reactiva ante una desgracia inminente, en psicosis en las que se pierde la conciencia de realidad o en trastornos de personalidad graves, entre otros. En estos casos la angustia también existe, pero por diferentes motivos.

La depresión conlleva además síntomas de insomnio, problemas sexuales, pérdida de memoria inmediata, atención, velocidad intelectual, debilidad corporal y apatía.

Puede generar además problemas físicos como hipertensión arterial, disminución de la inmunidad, o cardiovasculares. También se asocian trastornos laborales, familiares y financieros graves; lo cual produce un círculo vicioso negativo que pueden perdurar en la persona a pesar de mejorar su estado afectivo; pero no recuperando totalmente su funciones antedichas. Así aunque mejore la situación afectiva, el paciente no percibe totalmente la restitución total a su vida anterior.

Algo similar sucede con síntomas como el insomnio y trastornos de la sexualidad que pueden quedar como atisbos de la depresión pasada. Se trabaja actualmente en el tratamiento de «síntomas resabio» luego de haber padecido un síndrome depresivo.

Se considera la «angustia» y la «felicidad» como fenómenos fisiológico al igual que la «ansiedad» o el «dolor físico». Estos pueden constituir mecanismos normales de respuestas reactivas ante situaciones específicas. Pero que aumentados o disminuidos anormalmente, pueden afectar el normal funcionamiento del cuerpo y/o el psiquismo. Llevando a las situaciones más extremas de la salud mental. A través del conocimiento y el correcto diagnóstico, se podrá acercar un factible apoyo; con mejoría de la calidad de vida y muchas veces con la solución del problema afectivo.

*Neurólogo. Doctor en medicina y doctor en filosofía

Fuente y foto: www.baenegocios.com