Fobias y pandemia

Foto Amepine.
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Por Ignacio Brusco*- El proceso del miedo es un instinto básico de supervivencia. Parte del éxito de una cuarentena es el temor como aliado para el cumplimiento de la misma.

Verse con riesgo de padecer una enfermedad infecciosa que afecta la vida o del castigo que genera el incumplimiento del confinamiento, son dos motivos para el éxito de una medida sanitaria a rajatabla. Todos los instintos de supervivencia especialmente en el humano son modificados por el aprendizaje. Es así que se pueden tomar decisiones diferentes ante el mismo episodio, en diferentes lugares y tiempos.

El episodio del Covid-19 es un aprendizaje nuevo. En él se practica el ensayo- error como una evaluación permanentemente, lo que sirve para un ejercitar un concepto médico sustancial: el de “riesgo-beneficio”. 

La cuarentena fue muy efectiva para aplanar la curva de enfermos, preparar el sistema sanitario y conocer nuevos procesos diagnósticos, fisiopatogénicos y terapéuticos de esta nueva enfermedad.

Todo aprendizaje, especialmente con componentes emocionales como el temor, puede ir modificándose. Genera sensibilización con aumento de las conductas preventivas, es así como se producen buenos cumplimientos o incluso fobias. Por lo contrario puede conducir a la habituación, una especie de adaptación que implica que las personas se acostumbran al riesgo. Comparan con otros problemas, como otras enfermedades que no se tratan; adicciones aumentadas, depresiones graves con riesgo de vida, situaciones sociales graves, entre otras y podrían perder el temor.

El miedo es una función que se acepta existe en los animales inferiores al hombre. Es considerado como una función básica que marca una conducta instintiva de supervivencia. En los animales desarrollados el temor se responde con la activación del sistema de lucha (puede ser confrontación o huida). Despertando al sistema autonómico simpático (sudor, taquicardia, aumento de la respiración etc.). Aunque también puede observarse un activación secundaria del sistema parasimpático que es de reposo y de alimentación, que sin embargo se prende desde el comienzo de la respuesta; generando como prevención, la acumulación de energía alimentaria ante el peligro.

A medida que aumentan los testeos, aumenten los casos y no las muertes, la tasa podría ser más baja, pudiendo a futuro bajar el temor social

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Esta respuesta se da por un localizador de peligros. Que se encuentra en nuestro cerebro y que está siempre prendido, así descubre, en forma inconsciente, si algo es adecuado o más riesgoso que lo habitual. Este censor permanente es un conjunto de neuronas que conforman un núcleo subcortical del lóbulo temporal del cerebro, que es la amígdala cerebral. Sin embargo en el humano puede considerarse que este instinto es modificado por la inteligencia y las funciones cognitivas, asignándole subjetividad.

El temor genera una respuesta emocional y una conducta posterior de supervivencia. Que puede conducir a la huida o a la detención de una acción que hubiera puesto en riesgo la vida o por lo contrario una conducta que avanza sobre un objetivo, pero luego de haberlo supervisado. Esto, por ejemplo, se observa en estudios de animales que ante un estímulo aversivo previo, avanzan pero con mayor desconfianza, midiendo cada paso.

El miedo transcurre ante una situación concreta e inmediata, como una respuesta aguda a situaciones específicas. Este temor se transforma en ansiedad al hacerse más inespecífico, global y con menor riesgo inminente. La ansiedad en sí es también una función fisiológica que codifica el contexto, aumenta la atención y la flexibilidad cognitiva cuando el sujeto es normal. Pero que al desbordarse puede ser patológica.

Los miedos excesivos pueden convertirse en fobias, trastorno de ansiedad que genera una respuesta emocional desproporcionada a un evento. Esto puede suceder como novedad en las personas o agravar un cuadro ya existente. Otros síndrome bastante mencionado actualmente, es el del acostumbramiento hogareño, que genera quedarse confinado en la casa, por los temores que produce retomar la actividad llamado “Síndrome de la Cabaña”. Estos conceptos son sustanciales para el entendimiento de las conductas sociales y el acatamiento de las normas.

En las cuestiones médicas sanitarias un punto clave que genera temor es el riesgo de morbilidad y mortalidad que tenga una enfermedad. Esta pandemia ha generado datos muy divergentes entre países. Es muy importante en toda enfermedad conocer la tasa de letalidad, es decir cuántas personas mueren a partir de estar enfermo. Algunos testeos masivos en Nueva York estarían mostrando muchos pacientes asintomáticos, lo que podría disminuir la mortalidad.

A medida que aumentan los testeos, aumenten los casos y no las muertes, la tasa podría ser más baja, pudiendo a futuro bajar el temor social. Sea cual fuera la conclusión, es prudente ser cautos en las conductas sanitarias, pues un gran factor de riesgo sería un incremento rápido de contagios con saturación del sistema de salud, a partir de desconfinamientos apresurados.

Dijo Jeremy Greene, historiador de medicina en Johns Hopkins que: “Según los historiadores, las pandemias tienen dos tipos de final: el médico, que ocurre cuando las tasas de incidencia y muerte caen en picada, y el social, cuando disminuye la epidemia de miedo a la enfermedad. Plantea que un riesgo es que la cuarentena se acabe cuando las personas se cansen de vivir en “modo pánico” y aprendas nuevas experiencias del manejo de esta nueva enfermedad. Siendo procesos culturales, que modifican las respuestas del miedo.

Suele decirse que cultura es lo que queda cuando olvidamos todo lo que nos enseñaron. La señal para hacerla presente es darle un contexto emocional, en este caso el temor a una enfermedad. Estos aprendizajes generan impacto cultural, en una sociedad a la cual el humano no estaba acostumbrado evolutivamente. No volamos naturalmente, ni estamos preparados para ver tantas personas en un solo día, ni vivir en departamentos a más de 50 metros del piso, entre otras cuestiones. Mucho menos a estar encerrados, dado que el Homo Sapiens es la especie más invasora y caminadora de todas, invadiendo todos los continentes, nuestra especie ha vivido nómade más del 95 por ciento de su existencia, caminando 10.000 paso día. Son así aconsejables caminatas y técnicas de relajación dentro de nuestras casas durante el confinamiento, por supuesto con un control profesional.

El homo sapiens se enfrenta entonces a grandes problemas adaptativos, que llevan a aumentar la susceptibilidad psicológica y física; además de padecer nuevas enfermedades por contaminación del medio ambiente o la exposición rápida a nuevos gérmenes. El miedo es un proceso complejo de las especias, mucho más en el humano. Tiene una gran carga subjetiva, cualquier estadística de una enfermedad que produce mortalidad, genera grandes temores. Esta pandemia cuenta además, con la carga de la incertidumbre, lo novedoso y el riesgo de acumulación de pacientes en forma repentina. Es correcto tomar medidas de aislamiento; probablemente cuando la conozcamos mejor, nos tranquilicemos.

*Jefe del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental -Facultad de Medicina y Hospital de Clínicas-UBA. Director del Instituto de Derecho y Salud-Facultad de Derecho- UNLZ- Conicet

Fuente: https://www.baenegocios.com/